Cementerios de antaño. Próximamente se presentará en el Archivo Histórico.

Durante siglos, la muerte no fue desterrada ni ocultada: convivía con los vivos en los espacios más sagrados. Las iglesias y abadías no solo eran lugares de oración, sino también cementerios: bajo sus naves, en sus capillas y atrios, reposaban los restos de miles de fieles, enterrados según jerarquías sociales, devociones particulares y disposiciones eclesiásticas. El templo era, a la vez, casa de Dios y morada de los muertos.

Este libro recorre ese mundo ya desaparecido. Desde las catacumbas cristianas hasta las reformas borbónicas, desde los altares hasta los panteones extramuros, el lector encontrará aquí una historia de la muerte profundamente encarnada en la vida cotidiana, en la cultura material y en la sensibilidad religiosa.

El caso de la Catedral de Chihuahua -erigida sobre un antiguo templo y cementerio- ofrece un ejemplo privilegiado para observar esta transformación. A través de registros parroquiales, documentos históricos y vestigios arqueológicos, se evidencia cómo se enterraba, quiénes eran sepultados, qué significado tenía morir y descansar en suelo sagrado. Y cómo, poco a poco, el auge del higienismo, el desarrollo urbano y la secularización de los espacios provocaron el desplazamiento definitivo de los muertos fuera del centro de la ciudad.