Los religiosos de la Compañía de Jesús regresaron a Chihuahua después de 134 años de ausencia. No solo regresaron a sus antiguas misiones en la Sierra Tarahumara, sino que con aprobación del Sr. Gavilán abrieron casa también en la capital del estado. Esta casa era la Procura, a la que los religiosos podían llegar en su tránsito a la sierra, donde se tenía un contacto permanente para los trámites con instancias oficiales, para la atención médica con que no podían contar en las misiones en la sierra y para proveerse de los insumos necesarios.

El lunes de Pascua, 4 de abril de 1904, dos jesuitas, el padre Antonio Repiso y el hermano Pedro García, recibieron de manos del Sr. Gavilán el Santuario de Guadalupe y una vieja casa anexa al mismo. El P. Repiso predicó previamente la Cuaresma en la Catedral. Mientras se hacían las reparaciones más urgentes a la casa, los jesuitas se hospedaron en casa de don José Ma. Tavizón y su esposa doña Matilde Maceyra. Finalmente, el 30 junio se fueron a vivir en la residencia. Antonio Repiso, el jesuita que abrió la primera casa de la Compañía en la ciudad de Chihuahua, fue un hombre excepcional que dedicó más de 16 años de su vida al estado de Chihuahua. Su causa de canonización está muy adelantada.

Antonio Repiso Martínez de Orbe nació en 1856 y en 1881 se ordenó sacerdote para la arquidiócesis de México. Durante 14 años ejerció un infatigable ministerio como sacerdote diocesano, y en 1893 decidió entrar en la Compañía de Jesús, haciendo sus votos en 1895 y en seguida fue destinado a Oaxaca. Ahí colaboró eficazmente con la fundadora de la congregación de las Esclavas del Divino Pastor, Concepción Grandison Vda. de Morán, dirigiéndola y redactando las reglas de la nueva congregación. También se preocupó por la administración de sacramentos, dedicando muchas horas al confesionario.

Fue en esta época en la que le apareció en la espalda una pequeña llaga que con el tiempo la abarcó casi toda, lo atormentó terriblemente a lo largo de su vida y finalmente fue la causa de su muerte. El P. Manuel Ocampo, que la vio, dice que era una «terrible y cancerosa llaga, que le atormentó durante varios años y le invadió literalmente toda la espalda. Con tan pesada cruz sobre la espalda, conservó siempre una paz y serenidad inalterables; y nunca dejó de seguir trabajando por la mayor gloria de Dios y de las almas, hasta la hora y punto de su muerte» . Era muy devoto de Nuestra Señora de Guadalupe; practicaba la oración y la penitencia, dormía en el suelo sobre una tarima. A pesar de la terrible llaga en su espalda nunca abandonó su ministerio sino que continuó ejerciéndolo incansablemente.

Después de cinco años de labor apostólica en Oaxaca fue enviado a la residencia de Puebla y luego pasó al noviciado de San Simón como ministro de la casa y operario; en esta casa hizo sus últimos votos como jesuita el 15 de agosto de 1903. Después de otra encomienda en México, el padre fue enviado a Chihuahua como primer capellán del Santuario de Guadalupe y superior de la residencia jesuita.

El Santuario de Guadalupe que se le encomendó estaba muy deteriorado, pero la labor del padre Repiso no fue solamente la remodelación del templo sino combatir la indiferencia religiosa que reinaba en ese momento entre los chihuahuenses debido a la falta de instrucción religiosa.

El mismo año de su llegada erigió en el Santuario la Congregación Mariana de señoritas con el título de la Virgen de Guadalupe y San Ignacio de Loyola, y el año siguiente fundó las congregaciones para niños y jóvenes, dándoles como patronos a la Inmaculada y a San Estanislao de Kostka, respectivamente. De esta manera, gracias a sus esfuerzos, se intensificó la vida cristiana entre sus feligreses en el poco tiempo que duró su ministerio en la ciudad, pues poco más de un año después, el Padre Repiso fue enviado como párroco a Nonoava, en la Sierra Tarahumara, a donde llegó el 27 de junio de 1905, junto con el Hno. José Dolores Aguilar.

Durante su estancia en Nonoava aumentaron las comuniones anuales en miles; del mismo modo aumentaron las vocaciones tanto para religiosas como para hermanos coadjutores de la Compañía de Jesús, y llevó de Carichí a las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, para que fundaran una escuela. También realizó largos recorridos por la sierra, tanto a pie como a caballo, con la finalidad de visitar a los enfermos a pesar de su llaga, de las grandes distancias y de las condiciones adversas del terreno.

Normalmente lo acompañaba un sacerdote en la parroquia, pero durante la revolución carrancista permaneció solo, corriendo los peligros y privaciones derivados de la persecución religiosa. La constante oración y los sacramentos lo sostenían. Después de quince años en la Sierra Tarahumara fue enviado como párroco a Tepotzotlán, contando con 64 años de edad. A finales de 1920 llegó a su nueva parroquia, donde permaneció escasos tres años hasta que fue enviado, en 1923, al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en León, ciudad en la que pasaría los últimos años de su vida.

El padre Repiso vivió en León la época más cruel de la persecución callista, durante la cual se dedicó a repartir clandestinamente la Eucaristía por toda la ciudad, de modo que la gente lo llamó “El Apóstol de la Eucaristía” .

Dentro de las virtudes que más brillaron en su vida se encuentran la paciencia con la cual sobrellevó su llaga durante más de veinte años, sin quejarse y sin dejar su labor apostólica; del mismo modo soportó otras enfermedades que le aquejaban, como una hernia que solía estrangulársele generándole dolores atroces, hasta que el médico la reducía. También sobresalieron en su vida la obediencia, tanto al médico como a sus superiores, y la caridad, practicando las obras de misericordias corporales y espirituales.

El padre Repiso murió finalmente el 27 de julio de 1929 a la edad de 73 años. Fue sepultado en el cementerio de San Nicolás, aunque años más tarde se trasladaron sus restos a la capilla de la casa generalicia de la congregación de las Esclavas del Divino Pastor, en la ciudad de México. Pasados años de la apertura de su proceso de canonización, el 27 de febrero de 2017, el Papa Francisco aprobó su beatificación.

Una de las actividades a las que el P. Repiso había dado más importancia mientras estuvo en la ciudad de Chihuahua fueron los ejercicios espirituales de San Ignacio, para los cuales intentó construir una casa. Por su cambio tan rápido no pudo sino poner los cimientos; tocaría a su sucesor, el P. Constancio Sáiz SJ, realizar ese sueño; la bendición de la Casa de Ejercicios San José tuvo lugar el 6 de mayo de 1909. También fundó el P. Repiso en el Santuario de Guadalupe, en 1905, la primera Congregación Mariana de señoritas que hubo en Chihuahua, con el título de la Virgen de Guadalupe y San Ignacio de Loyola. Ese mismo año fundó la Congregación para niños y jóvenes, teniendo como patronos a la Inmaculada y a San Estanislao de Kostka. (Autor: Dizán Vázquez).

 

REYNOSO, MARÍA LUISA. Religiosa.

 

RICO, COSME. Profesor.

 

RÍOS CASTILLO, EVA. Enfermera.

 

ROBLEDO, JUAN. Sacerdote

 

ROBLES OYARZÚN, JESÚS RICARDO. Sacerdote jesuita.