El Pbro. Emiliano Soria García nació en Tepalcatepec, Michoacán, el 27 de septiembre de 1902. Inició sus estudios sacerdotales en el Seminario de Zamora, y al cambiarse a vivir su familia a Chihuahua en la década de los años veinte, Emiliano se fue con ella y continuó sus estudios en el Seminario de Chihuahua.
El obispo de Chihuahua, don Antonio Guízar Valencia, también michoacano y recién llegado a la diócesis, lo envió a estudiar a Roma, a donde partió el 1 de octubre de octubre de 1921con gastos pagados mitad por la diócesis y mitad por el obispo. Se inscribió en la Universidad Gregoriana el 18 del mismo mes y vivía en el Colegio Pío Latino Americano. Junto con él partió a Roma José de la Paz García, quien fue durante muchos años secretario de la curia y vicario general de la diócesis.
En agosto de 1926, una enfermedad lo obligó a volver a su patria. Hacía poco que había estallado la persecución religiosa en México, y Emiliano no se quedó con los brazos cruzados. Llevado por su carácter impetuoso, se hizo cargo de un contingente militar de los cristeros, en el centro del país. A principios de febrero de 1927 fue aprehendido junto con el san Mateo Correa, párroco de Valparaíso, Zacatecas, cuando ambos iban acompañados del dueño de la Hacienda de San José de Sauceda, don José María Miranda, a auxiliar a un moribundo en el rancho La Manga. Mientras iban de camino se toparon con soldados federales al mando del mayor José Contreras, quien se los llevó presos a Fresnillo donde los encerraron en la cárcel pública y de ahí continuaron hasta Durango, a donde llegaron el 3 de febrero, quedando en manos del general Eulogio Ortiz.
Después de muchas vejaciones y de querer obligar al padre Correa que le dijera al general los pecados de los presos cristeros que acababa de confesar, el padre fue llevado al camposanto el 6 de febrero y ahí fue fusilado. Al señor Miranda y a Soria los dejaron ir, ignorando que este era seminarista, pues era el que llevaba las riendas del carro y pensaron que era un trabajador del señor Valencia.
En 1927 don Antonio Guízar Valencia envió a España un grupo de seminaristas a los que el padre Enrique Tomás Lozano les había conseguido una beca; entre ellos iba Soria, pero a última hora don Antonio determinó que este se fuera mejor a Roma a terminar ahí sus estudios. En la Gregoriana obtuvo el grado de doctor en Filosofía. El 22 de septiembre de 1928 recibió el diaconado en el santuario de Montenero de manos de Mons. Piccioni, durante las vacaciones que los alumnos del Piolatino pasaban en la casa que tenía el Colegio para ese fin en Montenero. Recibió la ordenación sacerdotal en Roma el 28 de octubre de 1928 y regresó a Chihuahua el 26 de mayo de 1929. En el curso 1929-1930 del Seminario Conciliar dio clases de español y geografía (no había entonces seminario mayor).
En septiembre de 1931 fue nombrado párroco de Guadalupe y Calvo, en la Sierra Tarahumara, cargo al que se ofreció como voluntario. Al volver a la ciudad de Chihuahua fue destinado otra vez al Seminario. En el Curso 1933-1934, fue maestro de Teología Dogmática, Lógica y Metafísica y fue nombrado prefecto de estudios. Desde los latinistas hasta los teólogos sintieron el fuerte impulso que dio el P. Soria a la vida académica del Seminario. Cada mes había academias públicas, con asistencia de todos los profesores; en presencia de toda la comunidad cada uno de ellos presentaba a su grupo en la exposición de las materias que enseñaba. Otra manera de impulsar la vida académica era invitar a sacerdotes preparados, de la misma diócesis, para dar conferencias, información, etc., con la finalidad de ampliar horizontes en problemas diversos.
La persecución religiosa de la década de 1930, la persecución religiosa en Chihuahua fue más dura que la del 26 al 29. Comenzó con el asalto al Seminario en octubre de 1934. El P. Soria era el prefecto de Estudios. El 23 de octubre, justo cuando se iniciaban las clases de la tarde, cerca de una docena de policías al mando del general Raúl Mendiolea Z., jefe de la policía, asaltó el edificio y pistola en mano irrumpieron en los salones de clases. El rector y los demás sacerdotes fueron reunidos a punta de pistola e intimados por el jefe de policía a abandonar inmediatamente el Seminario. Entonces al P. Soria le brotó nuevamente su espíritu cristero y con audacia le dijo firmemente a Mendiolea: “Señor, yo debo y necesito llevarme de aquí el Sagrado Depósito [las Hostias consagradas que estaban en el Sagrario de la capilla]; y me lo voy a llevar si usted quiere, pero si usted no quiere también me lo llevo”. Luego llamó a los seminaristas y les dijo: “Muchachos, cada quien agarre un candelero; al que no me deje pasar le recetan un candelerazo y el que aquí muera sabe que va al cielo, si es por defender a Cristo”. El general Mendiolea, sorprendido, alcanzó a decir más o menos estas palabras: “No es necesario… Usted, Padre Soria, cumpla lo que sabe que debe hacer. Sólo le pido que se presente en la Comandancia de Policía después de haber cumplido lo que dice”.
Siendo párroco de Santa Eulalia, fue trasladado por don Antonio el 14 de diciembre de 1940 a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Ciudad Juárez y el 13 de diciembre de 1941, el obispo lo nombra consultor diocesano (AHACH, Caja 47, Libro de Acuerdos y Provisiones Eclesiásticas, del 8 de junio de 1921 al 11 de febrero de 1954).
El P. Soria fue un sacerdote sumamente culto. Además de los conocimientos filosóficos y teológicos, propios de su carrera sacerdotal, fue un gran artista. Se distinguió como pintor, escultor y arquitecto. Diseñó la ornamentación con madera tallada de cedro del órgano central de la Catedral de Chihuahua que se encuentra en el coro, rematado a cada lado por sendos arcángeles tocando trompetas. También diseñó los confesionarios, el cancel de la puerta principal, la custodia monumental de plata, que fue bendecida en la fiesta del Corpus de 1946, y el hermoso comulgatorio de bronce, ahora removido en las nuevas obras de restauración llevadas a cabo en 2017.
En el informe presentado en su visita Ad límina de 1950, don Antonio Guízar Valencia, refiriéndose a la catedral, escribió: “Han sido muy notables las mejoras en mobiliario y decoración. La idea decorativa que adorna al órgano monumental y el cancel, son verdaderas obras de arte, y se deben a la límpida inspiración de nuestro sacerdote artista el Dr. Don Emiliano Soria”.
En Parral el P. Soria diseñó el nuevo Santuario de Guadalupe, hoy catedral, construido a iniciativa del P. Agustín Pelayo Brambila. En Ciudad Juárez diseñó las obras de restauración de la antigua Misión de Guadalupe, llevada a cabo por monseñor Baudelio Pelayo Brambila, que comprendieron la sustitución de tres altares blancos que había por otros de madera labrada para hacer juego con el artesonado. En el templo parroquial de Santa Eulalia pintó los motivos evangélicos que ilustran las pechinas y probablemente son suyas también las pinturas que decoran el ábside de la iglesia parroquial de San Jerónimo, en Aldama.
El P. Soria fue miembro de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos, en cuyo boletín escribió entre otros, un artículo titulado “Hispanidad”. No había en ese tiempo actividad cultural en Chihuahua en la que él no participara. Incluso se enfrascó en una polémica con un pastor metodista, el Rev. Ezequiel Vargas, quien escribió un folleto titulado “¿Es María camino de salvación? Réplica a los artículos del Sr. Presbítero Romano Emiliano Soria”.
Pero el colmo de la creatividad del P. Soria está en lo que nos refiere la revista católica “La Cruzada Mariana”, de abril de 1934: «El Sr. Pbro. D. Emiliano Soria, perteneciente a la Diócesis de Chihuahua, acaba de hacer un importante invento consistente en un aparato adaptable al carburador de automóviles, que según todas las probabilidades dará magnífico resultado».
En 1944, monseñor José Abraham Martínez Betancourt, obispo de Tacámbaro, invitó al P. Soria a organizar en su diócesis un congreso eucarístico y el padre ya no regresó a Chihuahua. El obispo José Abraham y el padre Soria habían sido compañeros de estudios en Roma y se ordenaron allá el mismo día. Una noticia dice que el P. Soria aceptó la invitación del obispo de Tacámbaro de regresar a Michoacán, porque estaba muy enfermo. De hecho, su salud nunca fue muy buena, su problema principal era una afección en los pulmones. Aun así, en su nueva diócesis desarrolló una gran actividad. En 1951 se le nombró párroco de Acahuato, donde actuó como pacificador entre las familias de ambas bandas del río, separadas por una enemistad de años, que a veces llegaba a conflictos sangrientos. El nuevo párroco las reconcilió organizando con ellas cenas y kermeses en la plaza. También acabó con las borracheras que se daban durante las fiestas religiosas. En Acahuato se volvió a manifestar su calidad de artista y de constructor. Ahí inició la construcción del Santuario de la Virgen de Acahuato y además trazó la Calzada de la Reyna. En Apatzingán colaboró en la construcción de la Catedral.
El padre Soria cultivó también la apologética. Vivió en un tiempo en que una de las grandes preocupaciones de la Iglesia mexicana era la proliferación del protestantismo. El 30 de junio de 1944, en el marco de la VII Asamblea Nacional de la Acción Católica Mexicana, el padre Soria presentó la conferencia “Realidad del Peligro Protestante”. Fue publicada íntegra en el Boletín de la Junta Central, Núms. 5-6, septiembre-octubre 1944, p. 1513. En su reseña de la asamblea, este boletín califica la ponencia del P. Soria de “sumamente interesante, clara y concisa, con lenguaje fácil y florido que mantuvo constantemente vivo el interés de los que la escuchábamos. Terminó su conferencia con una inmensa e inquietante interrogación: ‘¿Será la Acción Católica el buen samaritano que cure las heridas de nuestra Patria?’. Esta interrogación, ciertamente se quedará clavada en todos los oyentes, quienes a su vez la harán a otros muchos para despertar en ellos la conciencia de su responsabilidad. Quiera Dios que la interrogación del Padre Soria repercuta en todo México”.
En la Primera Reunión Nacional de la Fe, celebrada en Guadalajara del 26 al 27 de abril de 1960, el P. Soria presentó, como presidente del Secretariado Diocesano de la Fe de la diócesis de Tacámbaro, la conferencia “Factores que determinan la difusión del protestantismo en México y solución integral del problema protestante”, del que en el informe de la reunión se comentó: “El conferencista expuso el tema más bien con sentido ideológico e histórico”.
El P. Emiliano Soria murió el 6 de septiembre de 1970.
STALFORTH, FEDERICO. Filántropo.
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TAMARÓN Y ROMERAL, PEDRO. Obispo.
TALAMÁS CAMANDARI, MANUEL. Obispo.
