Misionero jesuita en la Tarahumara. Su fama de santidad durante su vida y después de su muerte fue tan grande, que pronto se difundieron muchas anécdotas en las que hoy no es fácil separar la historia de la leyenda. Por ejemplo, se dice que al registrar los nombres en el libro de defunciones, anotaba quién se había salvado y quién se había condenado. Aún se conserva la “Cueva del Padre”, donde el padre se entregaba a las más rigurosas penitencias.
El padre Francisco Herman (Franz Hermann) Glandorf nació en Ostercappeln, diócesis de Osnabrück, Alemania, el 10 de noviembre de 1687 (otra fecha: he was born on October 28, 1687). Fueron sus padres Gaspar Federico Glandorf, que ocupaba un importante cargo público, y Emerentina Arste. En su bautismo le pusieron el nombre de Juan Herman. El nombre de Francisco se lo puso él más tarde por la admiración que le tenía a san Francisco Javier, el gran misionero jesuita a quien tomó como modelo.
Desde niño, Herman se distinguió por su amor a los pobres. Sus compañeros de la escuela secundaria le decían “el apóstol estudioso”, por su dedicación al estudio y su piedad. Después de sus estudios secundarios ingresó en el noviciado jesuita de Trier. Por su aprovechamiento en los estudios fue destinado, aun antes de su ordenación, a trabajar con los bolandistas (una sociedad de sabios jesuitas que se dedican a investigar científicamente la vida de los santos). Sin embargo, no se sentía a gusto en esa ocupación y en 1717 fue enviado, después de mucha insistencia de parte suya, a la provincia que la Compañía de Jesús tenía en la Nueva España, para dedicarse a las misiones.
Desembarcó en Veracruz en diciembre de ese año y después de una corta estancia en el colegio jesuita de Puebla para mejorar su conocimiento del español, se dirigió a las misiones del norte, a donde lo habían destinado. Todavía no era sacerdote, y recibió la ordenación sacerdotal en Durango, de manos del obispo Pedro Tapiz, y luego estuvo un corto tiempo en el colegio jesuita de la villa de San Felipe el Real de Chihuahua.
Finalmente, los deseos de su corazón se cumplieron al ser enviado por sus superiores a la Tarahumara. El primer lugar que le asignaron fue la misión de Carichí, donde estaba como superior el famoso misionero padre José Neumann, con quien el padre Glandorf aprendió la lengua tarahumara. En 1723, cuando tenía 36 años, se hizo cargo de la misión de Tomochi, donde vivió con los indios los restantes 40 años de su vida, hasta su santa muerte, el 9 de agosto de 1763, a los 76 años de edad.
“Después de haber pasado por los más graves peligros de mar y tierra –escribió en una carta-, desembarqué en este gran Imperio de la Nueva España. Cuando terminé con éxito mis estudios, fui enviado a la Provincia Tarahumara, que había sido convertida al Cristianismo no mucho tiempo atrás. Aquí me dieron el más grande imperio, lleno de montañas escabrosas, que se extienden por toda la región. Los indios bautizados andan medio desnudos, como animales, entre los paganos, y viven en cuevas y en las grietas de las peñas; muchas veces aun peor que los paganos, que no conocen a Dios y que viven en relaciones pecaminosas con sus mujeres”.
GOIZUETA, GRIDILLA, JUSTO.
GÓMEZ MORÍN, MANUEL.
GONZÁLEZ LAFÓN, MARÍA EUGENIA.
GONZÁLEZ MÚZQUIZ, JOSÉ GUADALUPE.
GRAHAM, TERESA DEL NIÑO JESÚS.
GRANADOS M., JOVITA.
GUADALAJARA, TOMÁS DE.
GUEMBRE ARDANAZ, MARTÍN
GUÍZAR VALENCIA, ANTONIO.
GUTIÉRREZ, JESÚS
