Tenemos aquí la figura notable de un misionero de la Tarahumara que brilló por sus cualidades espirituales y que tenía fama de poseer el don de profecía. Fue confesor de don Miguel Hidalgo en su prisión en Chihuahua, cuando el ilustre preso estaba a punto de ser fusilado, a pesar de que fray José María formaba parte, como secretario, del tribunal eclesiástico que lo condenó a perder su fuero sacerdotal.

Fray José María Rojas (el Padre Rojitas, como le decían) nació en la ciudad de Guadalajara de padres desconocidos. Fue expuesto en la casa de Pedro Caballero Galán y adoptado como hijo por Antonio Partida y Petra Rojas, por lo que su nombre completo era José María Partida y Rojas. Ingresó en el Colegio de Guadalupe, Zacatecas, institución destinada a formar misioneros para las regiones indígenas todavía gentiles del norte de la Nueva España. Vistió el hábito el 6 de diciembre de 1780 y profesó el 8 de diciembre del año siguiente.

Fue ordenado sacerdote el 11 de marzo de 1792 en Durango por el obispo Esteban Lorenzo de Tristán y Esmenota, junto con otros cuatro frailes. Como destacaba ya desde entonces como buen orador, sus compañeros le pidieron que fuera el predicador de sus respectivas cantamisas. Él, por su parte, cantó su primera misa el 13 de mayo siguiente.

En 1794 fue enviado a servir en las misiones de la Tarahumara, no sin antes entrenarse como predicador de misiones populares en Zacatecas. Su primer destino en la Tarahumara fue el pueblo de Satevó, del municipio de Batopilas. Después de algunos meses volvió al Colegio de Guadalupe y en octubre del mismo año fue asignado otra vez a la Tarahumara, ahora a la nueva misión de Bazanopa, en el actual municipio de Guadalupe y Calvo, partiendo a su destino el día 16. Se conservan actas suyas de administración de sacramentos también en Guacaybo y su visita Cusárare entre 1795 y 1802.

Después de este último año encontramos al padre Rojitas en Chihuahua, comisionado por el brigadier de los Reales Ejércitos de su Majestad y Comandante General de las Provincias Internas de Occidente, don Nemesio Salcedo y Salcedo, para que investigara sobre los límites entre las provincias de Texas y Luisiana y confeccionara planos de dichas provincias y sus fronteras. Esto lo podía hacer porque los respectivos archivos se encontraban en Chihuahua, sede de la Comandancia General en ese tiempo.

Fray José María era amigo personal del comandante general y este le pidió que le diera la bendición nupcial que le faltaba en su matrimonio con doña Telésfora de Urquijo y Abendaño, en una misa de velación que celebraría el cura de Chihuahua don Mateo Sánchez Álvarez en la capilla privada del contrayente, el 23 de abril de 1806, con asistencia de la flor y nata de la sociedad chihuahuense.

Volviendo a los méritos de su vida privada, hay que resaltar ese “don de profecía” mencionado antes. En la vida del padre Rojitas se registraron por lo menos dos hechos sobresalientes: El primero fue que anunció al obispo de Durango, don Esteban Lorenzo de Tristán, su próxima muerte. Cuando el padre Rojitas iba de camino a Satevó de Batopilas, su primer destino en la Tarahumara, al pasar por Ciénega de los Olivos le escribió una carta al obispo, fechada el 19 de noviembre de 1794, en la cual le decía: “Me veo precisado a tomar la pluma aun antes de llegar, porque no puedo resistir a Dios Nuestro Señor, que desde el tiempo en que V. S. Ilma. se hallaba en Fresnillo, me anda ordenando participe a V. S. Ilma. el aviso de su muerte y así, dispensándome la tardanza que he tenido en esto por las dificultades que encontraba en dar yo noticia de esta calidad a una persona del carácter de V. S. Ilma. disponga las muchas cuentas que tiene que darle porque no está muy lejos la hora en que ha de venir Su Majestad a tomarlas, aunque no quiere que exprese a V. S. Ilma. el día fijo que ha de ser” .

El Sr. Tristán salió de Durango rumbo a Guadalajara a tomar posesión de esa diócesis a la que había sido promovido. Se detuvo a pernoctar en la villa de Lagos (de Moreno) donde, sintiéndose mal de salud, tomó una medicina equivocada que le causó la muerte. Era el 10 de diciembre de 1794, cuatro días después de haber recibido la carta del misionero.

La segunda profecía se dio el 1° de enero de 1817, cuando el futuro obispo de Durango, don José Antonio Laureano Zubiría y Escalante, celebró su primera misa como sacerdote en el templo de Santa Ana, en Durango. En esa ocasión, el padre Rojitas participó en la misa de una forma muy humilde portando el incensario como uno más entre los acólitos. Al terminar la misa, dos canónigos, que ya conocían la fama del padre, le preguntaron por qué había participado en la misa de esa manera, a lo que él contestó: “Porque el que celebró la misa es un santo y será el sucesor del Sr. Castañiza, y después de su muerte, que será en medio de una terrible persecución, se le quemará incienso en los altares; para anunciarlo, he portado esta mañana el incensario”.

Para los chihuahuenses y para todos los mexicanos, hay en la vida de fray José María Rojas un hecho que lo hace especialmente memorable: fue él quien asistió espiritualmente e don Miguel Hidalgo y Costilla y lo escuchó en confesión varias veces antes de su fusilamiento. El 26 de julio de 1811, el padre Rojitas fue nombrado notario del tribunal eclesiástico que se constituyó en Chihuahua para degradar al Padre de la Patria. Es probable que el mismo Hidalgo escogiera al padre Rojitas como confesor, ya que en ese tiempo había en Chihuahua por lo menos diez sacerdotes y que en materia tan delicada no se le podía imponer ninguno. Si Hidalgo realmente lo eligió, fue a pesar de que fray José María era notario del tribunal que lo iba a despojar de su dignidad sacerdotal y de que era amigo personal del brigadier Salcedo, bajo cuya autoridad se estaba juzgando al reo. Esta elección se debió tal vez a que don Miguel sabía de la fama de sacerdote virtuoso que tenía el franciscano.

Habiendo terminado sus encomiendas en Chihuahua, fray José María Rojas fue destinado por sus superiores a la ciudad de Durango, donde sirvió muy de cerca al obispo don Juan Francisco de Castañiza (1815-1825) y donde ayudó en la primera misa del futuro obispo Zubiría, como ya vimos. En esa ciudad falleció el 3 de diciembre de 1818. Podemos añadir que en Atotonilco el Alto, Jalisco, hay una calle que lleva su nombre. (Autor: Dizán Vázquez).

 

 

RORKOWSKY, ROSA MARÍA. Niña.

 

S

 

SÁENZ DE KYBAL, ANA. Pintora.

 

SALAS OCHOA, CARMEN. Filántropa.

 

SAN FRANCISCO, GARCÍA DE. Franciscano, misionero.