También se firmaba como Mariano de Jesús María Toribio Xáquez, Mariano Toribio de Jesús María Xáquez y Toribio Xáquez de Zalazar. Este es otro misionero sobresaliente de Chihuahua, especialmente por la santidad de su vida, con la particularidad de ser netamente chihuahuense, pues nació en el Real de San Felipe de Chihuahua hacia 1750. Se formó en la vida franciscana y para el sacerdocio en la provincia franciscana de Zacatecas. Se ordenó de sacerdote hacia 1768 y obtuvo el grado de Magister Scholasticorum et Grammaticae.
Regresó a Chihuahua en 1769 y hasta 1781 lo encontramos en la escuela del hospicio de San José de Chihuahua, donde ejerce los cargos de lector (o maestro) de filosofía y de gramática y además de predicador conventual. El colegio de los jesuitas en Chihuahua acababa de cerrar por la expulsión de éstos en 1767 y los franciscanos hicieron lo posible por suplir el vacío que dejó la Compañía de Jesús en el campo de la educación. En este tiempo encontramos también al padre Jáquez administrando los sacramentos en San Gerónimo (Aldama).
En 1781 lo mandan llamar de Zacatecas para que tome parte en el capítulo intermedio y ahí lo dejan como maestro de novicios. El viaje de Chihuahua a Zacatecas lo hizo a pie y descalzo.
En 1784 regresa a Chihuahua y hasta 1796 ejerce su ministerio en la misión de San Antonio de Julimes, donde se distingue por su amor a los indios, a quienes no duda en defender contra las injusticias de que son víctimas. Precisamente sobre este tema escribe en Julimes el 1° de diciembre de 1785 una carta al corregidor don Francisco Javier del Campo. En ella sale en defensa de los indios del pueblo San Pablo, hoy Meoqui, que era visita de Julimes, pues se les quería despojar de sus tierras y del uso del agua. Copiamos aquí la parte medular de la carta por los interesantes datos que aporta y porque refleja el espíritu bondadoso y justiciero del padre:
“En contestación a la de vuestra merced de fecha 7 del corriente, debo decir a vuestra merced que los naturales del pueblo de San Pablo tienen en dicho pueblo tierras cuantas han menester para su bienestar. Tienen las ocho que en él hay, y sus familias, que serán 24. Tienen sus casas de terrado y su iglesia con la casa que se compuso y reedificó por el mes de julio con el trabajo de dichos naturales.
“Tienen sus bestias caballares y ganado, como 30 reses, que no dejará de ser incomodidad el transportarlo a esta misión, que son 4 leguas de distancia. El señor teniente del partido vive en medio de ambos pueblos, y si no puede ver lo que hacen en San Pablo, ni acá podrá, pues, como digo, tan lejos está de este pueblo de Julimes como del de San Pablo. Yo les hago las visitas y parece que no van desencaminados.
“Y así Señor Corregidor, hablando a Vuestra Merced con ingenuidad, no es más que opresión el querer quitarles a estos pobres sus tierras, pues aun el agua del río con que las riegan se la tienen quitada los de la labor de Loreto alegando más derechos, porque dicen ser ésta labor del Rey. Que aun tenía [yo] intentado escribir a vuestra merced, para que viere si era justo el derecho que tienen dichos hijos al agua, para que no se les quite, y así ahora lo hago para que vuestra merced en esto y lo demás vea lo que fuere justo”.
En un informe que hace el teniente del partido de Julimes, don Blas Calvo y Muro, sobre “el estado actual de la misión de San Antonio de Julimes”, dice que la misión la atiende fray Toribio Jáquez, quien “predica [el Evangelio] y enseña [la doctrina cristiana] con gran esmero y exactitud”. Dice también que el misionero tiene la iglesia muy decente y que manifiesta un gran el celo y desprendimiento de las cosas materiales.
En este tiempo sus correrías apostólicas se extienden hasta la recién fundada población de San Antonio de Chorreras, en la que firma actas entre el 20 de junio de 1787 y el 1° de octubre de 1788. En 1790 fray Toribio funge como secretario del custodio del Parral, fray José García Rico, que residía en Santa Cruz de Tapacolmes. En los documentos firmados escritos de su puño y letra, en calidad de secretario, podemos admirar una hermosa y clara caligrafía. Los datos anteriores nos dan una idea de la extraordinaria movilidad que tenía fray Toribio, que parece estar casi al mismo tiempo en el ámbito de una vasta región.
Fray Antonio Gálvez, continuador de la Crónica de Arlegui, que fue uno de los novicios que fray Toribio dirigió en Zacatecas, nos ha dejado una semblanza llena de afecto y admiración por su maestro: “Puesto al frente de los novicios, desempeñó en toda su extensión tan grave ministerio, siendo el primero que se levantaba, el primero que barría, el primero que se presentaba para llevarnos al coro, a la iglesia, al refectorio; limpiaba los faroles cuando nos descuidábamos de hacerlo; repicaba con nosotros si faltaba quien nos ayudara; con nosotros rezaba la corona, el oficio de la Santísima Virgen, el de difuntos, y los viernes el Viacrucis; pero con la circunstancia de que mi maestro lo rezaba caminando de rodillas y con la cruz a cuestas, sin exigir de nosotros esa penitencia… Duro para sí mismo como el que más, para nosotros fue siempre manso, condescendiente y suave”. Luego nos habla Gálvez de su dedicación a la oración, especialmente al Santo Rosario. “Murió tranquilamente –dice el citado cronista- en el convento de la Purísima Concepción de Zacatecas, después de haber recibido con singular devoción los Santos Sacramentos” en octubre o noviembre de 1804. (Autor: Dizán Vázquez).
JURADO, MARTÍN. Líder obrero, periodista, luchador social.
K
KORKOWSKI SIVILLA, ROSA MARÍA.
L
LABADO, FRANCISCO. Franciscano, misionero, mártir.
