Su estancia en Chihuahua fue fugaz, pero lo reconocemos aquí por haber sido el sacerdote que celebró la primera misa plenamente documentada en territorio chihuahuense.
Fray Pablo era portugués y tomó el hábito en su patria. Deseoso de trabajar en las misiones pasó a la provincia franciscana de la Santa Cruz, en la isla de Santo Domingo, y de allí a la provincia del Santo Evangelio de México, donde tuvo como maestro al célebre padre Mendieta entre 1555 y 1556. En 1562 acompañó al gobernador Francisco de Ibarra en una de las expediciones de reconocimiento del territorio que hizo partiendo de Sinaloa hacia el norte. La expedición atravesó la Sierra Madre Occidental y llegó a Paquimé en 1565, donde Ibarra “mandó a sus soldados que oyesen una misa, ofrecida a el Espíritu Santo”, la cual fue celebrada por el padre Acevedo, único sacerdote de la expedición.
Esta fue, si no la primera misa (pues los franciscanos comenzaban a penetrar al mismo tiempo en territorio chihuahuense por el sur), ciertamente una de las primeras misas que se celebraron en Chihuahua y de la que quedó un registro claro en la crónica del testigo presencial Baltasar de Obregón.
Los expedicionarios regresaron a los pocos días hacia la costa del Pacífico y fray Pablo se quedó en Culiacán dedicado a la evangelización de los indios, que lo apreciaban mucho. Pero un mulato calumnió al misionero diciendo que éste aprobaba y exigía pagar los pesados impuestos que exigía el gobierno y que tenían descontentos a los indios. Ciegos de furor, los indios destruyeron la misión y mataron al misionero el 28 de diciembre de 1567 en el pueblo de Sinaloa, a 133 kilómetros de Culiacán. Fue sepultado en ésta última localidad. (Autor: Dizán Vázquez).
ACOSTA ARMENDÁRIZ, JOSÉ. Caballero de Colón.
AGUILAR, LEOPOLDO M. Sacerdote, poeta.
AGUILAR ÁLVAREZ, RODOLFO. Sacerdote, luchador social.
