Antes de 1620, año en que se fundó el obispado de Durango, la Nueva Vizcaya pertenecía en lo eclesiástico al obispado de Guadalajara. Fundada la villa de Nombre de Dios, el obispo de Guadalajara, fray Pedro de Ayala, expidió a favor del guardián del convento, fray Pedro de Espinareda, el 1 de septiembre de 1563, un nombramiento con el que le daba todas las facultades necesarias para ejercer su oficio de pastor principal de aquella grey. Le dice el obispo en su carta que no habiendo en el real de Nombre de Dios (Durango) ningún clérigo o sacerdote secular, nombra a fray Pedro como su vicario (episcopal) y juez eclesiástico dándole autoridad para que administre los sacramentos, dé licencias a cualquier otro sacerdote idóneo, conozca de los delitos y pecados públicos y aplique los debidos castigos.
El 26 de febrero de 1564, habiéndose erigido formalmente en villa Nombre de Dios, el obispo Ayala refrenda con otro decreto las facultades de fray Pedro como autoridad máxima en esa región, por lo tanto, su jurisdicción alcanzaba hasta Santa Bárbara y el Valle de San Bartolomé, poblaciones en ese entonces las más septentrionales de la Nueva Vizcaya.
El aumento de indios convertidos a la fe cristiana, gracias a la labor desplegada por fray Pedro y sus pocos compañeros, obviamente hizo que sus fuerzas muy pronto fueran insuficientes, y el guardián pidió a México nuevos misioneros, incluso se dice que hizo un viaje a México con este objeto. Sus demandas fueron escuchadas y algunos de esos nuevos misioneros se extendieron hasta la región de los conchos, teniendo como centro de operaciones el convento de San Bartolomé. Entre ellos están algunos tan ilustres como fray Juan Pérez de Espinoza (ver) y fray Alonso de la Oliva (ver).
Fray Pedro de Espinareda gozaba de gran prestigio y su consejo era escuchado de buen grado, tanto por las autoridades religiosas como por las civiles. En 1566, viviendo aún en Nombre de Dios, hizo un viaje de exploración a la parte oriental de la Nueva España, partiendo de San Martín. Atravesando la comarca lagunera se dirigió hacia el Pánuco, rumbo a la región del Golfo de México. Al regresar redactó un informe al oidor de Guadalajara, Juan de Orozco, el 20 de enero de 1567, recomendado poblar esas tierras hasta la costa tamaulipeca del Golfo de México para establecer ahí un puerto de enlace con España, más favorable para la Nueva Vizcaya que el de Veracruz.
En 1566, gracias a los logros misionales de fray Pedro de Espinareda y de sus compañeros, se fundó la Custodia de Zacatecas, con sede en su convento de Nombre de Dios, recibiendo fray Pedro el título de custodio. La sede de la nueva custodia no se puso por el momento en la ciudad de Zacatecas, pues el hospicio que ahí había fundado fray Jerónimo de Mendoza pertenecía a la custodia de Michoacán, pero poco después la provincia del Santo Evangelio hizo un intercambio con la custodia de Michoacán, recibiendo esta el convento de Querétaro y entregando el de Zacatecas. El 26 de julio de 1567, el obispo de Guadalajara elevó el hospicio de esta última ciudad a la categoría de convento y sede de la nueva custodia, por lo que fray Pedro tuvo que trasladarse a dicha ciudad.
Fray Pedro de Espinareda llevó una vida de santidad, sumamente austera. Amó a los indios y se esforzó por anunciarles el Evangelio y atraerlos a una vida más civilizada. En los primeros seis años de su labor apostólica en la Nueva Vizcaya fray Pedro evangelizó y bautizó a 15,000 indios adultos , a quienes les predicaba en su propia lengua, en la cual compuso un Arte y vocabulario del idioma de los zacatecas.
Colmado de fatigas y méritos, y siendo de avanzada edad, pasó a mejor vida el año de 1586 por el mes de octubre en el convento de Zacatecas, donde se le sepultó. (Autor: Dizán Vázquez).
ESPINO PORRAS, FRANCISCO. Obispo.
