En esos años y todavía mucho después, los inspectores, al igual que la mayoría de los funcionarios públicos en Chihuahua y en toda la República, eran masones, condición que servía a muchos para abrirse camino en empleos y cargos de gobierno. Don Concho fue una excepción, pero por lo visto no solo era apreciado por la población católica de Chihuahua, sino también por sus mismos superiores jerárquicos en la Secretaría de Educación, pues se mantuvo en su cargo de inspector por cerca de 20 años. Esta, sin embargo, no era una regla general. Los masones y liberales más radicales lo hacían blanco de sus iras. Un periodiquito masón de Chihuahua, El Liberal, en su edición del 13 de enero de 1959, en su Editorial, en la que ataca al Lic. José Fuentes Mares como rector de la UACH, y a las escuelas confesionales, dice de éstas “que funcionan en todo el territorio nacional y con el control del profesorado oficial de ideología indefinida o definida hacia la derecha que actúa en las escuelas de Gobierno violando la Constitución a ciencia y conciencia de las autoridades educativas, como acontece en la primera zona federal a cargo del archifanático profesor J. Concepción Fuentes, catedrático además de la Preparatoria de la Universidad y promotor del establecimiento de cuanta escuela confesional existe en la ciudad de Chihuahua…”.

Aunque su tarea era vigilar que en las escuelas, sobre todo en las particulares, entre las cuales la mayoría eran católicas, se aplicara estrictamente la Constitución, el profesor Fuentes no desaprovechaba ocasión para proteger y aun fomentar la educación católica.

En sus visitas a las escuelas y en sus conversaciones con las maestras se dio cuenta de la necesidad que tenían las maestras católicas, sobre todo las que trabajaban en las escuelas oficiales, de cultivar su fe católica y su espiritualidad para que pudieran ser testigos de Cristo en un medio tan ajeno y aun opuesto a la Iglesia. De ahí le nació la idea de organizar retiros espirituales para maestras. Invitó a dos maestras de cada escuela y le pidió a un padre jesuita que les diera un retiro.

De esa manera nacieron los ejercicios espirituales para maestras católicas que se hicieron toda una institución en Chihuahua y que duraron muchos años, por lo menos hasta la década de los sesenta. Después de los jesuitas continuó con la dirección de los retiros el padre Carlos Amezcua y a este le siguió el padre Joaquín Díaz, quien estuvo al frente de los mismos por más de diez años. Esos retiros se daban los domingos primeros de cada mes en el Instituto Femenino con una asistencia de entre 50 y 60 maestras.

También a la inspiración de don Concho se debió el nacimiento del Colegio Chihuahuense para atender a muchachas, ya que el Instituto Regional, regenteado por los jesuitas, atendía a muchachos. El Chihuahuense debía ser un colegio de inspiración católica pero no estar bajo la dirección de religiosos o de la Iglesia, sino de personal católico laico.

Don Concho animó a un grupo de padres de familia para que formaran un patronato que diera vida al colegio. Entre los miembros de ese primer patronato estaban los señores Julio Meyer, Wenceslao Flores y Miguel Mireles. Así nació el Colegio Chihuahuense, que había de ocupar un lugar destacado en la historia de la educación católica en el estado de Chihuahua.

Fiel a la formación recibida en el seminario, el profesor J. C. Fuentes no sólo fue un católico practicante y convencido de su fe, sino que destacó también como persona culta en el ambiente de Chihuahua de aquel tiempo. Fue miembro de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos fundada en 1938, en cuyo Boletín escribió varios artículos, lo mismo que en otras revistas. Su amplia cultura la pude constatar por los libros de la que fue su biblioteca: obras sólidas de filosofía, teología y espiritualidad. Aparte de los libros propios de su profesión de maestro, don Concho conservaba también los numerosos libros sobre socialismo y educación socialista que el gobierno federal difundió entre los maestros para promover la educación socialista en la década de los treinta. Don Concho los leía, los analizaba, pero no le convencían, firmemente apuntalado como estaba en su fe católica y en el conocimiento profundo del pensamiento cristiano.

Don Concho fue también un hombre muy generoso. Con frecuencia ayudaba a jóvenes que llegaban a la capital del estado a estudiar su carrera de maestros y que no contaban con los medios suficientes para sostenerse.

La hondura de su alma se puede vislumbrar en sus escritos, pero no en escritos formales, sino en las cartas que escribió abundantemente a sus seres queridos, las cuales, como no estaban destinadas a la publicación, dejaban al descubierto sus verdaderos sentimientos y virtudes.

El profesor José Concepción Fuentes murió en Chihuahua a los 69 años de edad en 1959 o 1960. Su funeral fue un testimonio del gran afecto y admiración que los chihuahuenses sentían por él. (Dizán Vázquez).

 

G

 

GAMBINO, SALVADOR. Sacerdote, Misionero de la Caridad.

 

GÁNDARA MOYE, JOSÉ.

 

GÁNDARA ROMERO, RAFAEL. Sacerdote.