José García Rivas, conocido como “el profesor García Rivas”, fue un laico comprometido con su Iglesia. Fiel a sus principios y convicciones, su vida estuvo enmarcada por su servicio a los demás y a la educación. Dejó huella como defensor de la familia y los valores cristianos.
Nació el 6 de mayo de 1933 en Ciudad Anáhuac, en el estado de Nuevo León. Hijo de Juan García Gómez y Teresa Rivas Hernández y el mayor de siete hermanos.
Realizó estudios de Normal Primaria en el Instituto Regiomontano, de Monterrey, N. L., y se especializó en Literatura en la Normal Superior de Nueva Galicia de Guadalajara. Obtuvo un certificado en Filosofía y Letras en la Escuela Libre de Filosofía de Nuevo León y de Psicología experimental y educativa en Monterrey y Guadalajara.
En lo profesional se mantuvo siempre al día con una continua formación por medio de unos 30 cursos, diplomados y especializaciones en 13 instituciones del estado, del país y del extranjero.
Cuando su padre falleció, se hizo cargo de su madre y sus hermanos, tenía 24 años. El 11 de agosto de 1958 se casó con Teresa de Jesús Serrato Oyervides, con la cual procreó 10 hijos: Sofía Cecilia, Sofía Inés, Lucía Montserrat, Francisco Javier, Jesús José, Jorge Alberto, Teresita de Jesús, María Elena, Luis Manuel y Pagella Celeste. José y Teresita permanecieron unidos durante 64 años, hasta la muerte de él.
Inicialmente fijaron su residencia en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, después se mudaron a Matamoros, Tamaulipas, donde fue fundador del Instituto La Salle. En esta ciudad fue fungió como ceremoniero en la consagración de la catedral de la diócesis de Matamoros.
En 1959 cambió su residencia a la ciudad de Chihuahua donde junto con el profesor don Vicente Bustos fundó el Instituto La Salle de Chihuahua.
En 1961 fundó el Instituto La Salle de Delicias y organizó ahí una escuela para catequistas.
En 1966 volvió a fijar su residencia en la ciudad de Chihuahua, donde permanecerá durante el resto de su vida y en la cual llevará a cabo grandes acciones como educador y miembro activo de la diócesis.
En 1967, como miembro de la Asociación Civil Promociones Educativas, inicia la fundación de 5 escuelas laicas, pero con filosofía cristiana, junto con los empresarios Víctor Cruz y Federico Terrazas.
Perteneció al Movimiento Familiar Cristiano como miembro y luego como presidente, siempre al lado de su esposa Tere. Fue organizador de grupos y encuentros conyugales.
En 1975, junto con su esposa, fundó el grupo Naím para madres solas donde se brindaba apoyo a mujeres con hijos y sin esposo, y publicó un libro sobre ese tema para llegar a más madres de familia.
Fue creador del curso “Redescubrir el matrimonio”, del cual se desprendió un libro con el mismo título, cuyo fin era orientar a las parejas para mantener su matrimonio unido y constantemente renovado.
Fue director general de la normal particular Instituto Pedagógico Chihuahuense.
Dentro del gran legado que dejó a la comunidad chihuahuense se encuentra la escuela ESFER (Escuela San Felipe el Real, hoy ESFER Salesianos) de la que fue fundador y que bajo su atinada dirección llegó a convertirse en pieza clave para la formación de niños y jóvenes de la ciudad y de la que fue el pilar fundamental.
Fue presidente fundador y consejero del Comité Coordinador Estatal de Educación Privada, consejero de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares y miembro del comité de la Unión Nacional de Padres de Familia.
Colaboró en la formación de varias generaciones de seminaristas al impartir clases en el Seminario Arquidiocesano de Chihuahua.
Fue presidente de la Comisión Diocesana de Laicos y miembro del Consejo Nacional de Laicos.
Fue organizador de la misa de estandartes de asociaciones católicas que se llevaba a cabo en catedral el primer domingo de cada mes.
En 2006 fundó la Escuela de Teología para Laicos de la Diócesis de Chihuahua.
Fue presidente del Consejo de Administración de Despensas de Chihuahua, consejero de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares, integrante del Comité Nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia y miembro del Consejo de Administración de Editorial Camino.
Como escritor y periodista colaboró en varias publicaciones católicas, como Ábside, Revista de Cultura Mexicana, Orientación, La revista del Padre de Familia, Señal, Revista de formación e información católica, y especialmente tuvo una larga trayectoria como colaborador de Notidiócesis, el semanario de la Arquidiócesis de Chihuahua.
Fue un valiente y siempre respetado testigo de la fe al colaborar en medios no religiosos, como en la revista Tarahumara, revista de crítica, información y análisis, y sobre todo en El Heraldo de Chihuahua, donde escribió una columna durante 62 años, desde 1960 hasta un mes antes de su muerte. En 1980 obtuvo el Premio de la Asociación Estatal de Periodistas de Chihuahua por su obra periodística de agosto de 1979 a 1980.
Incursionó también en el género de la poesía. Obtuvo un premio literario de Editora de Juárez en el concurso del Trigésimo Aniversario del periódico El Fronterizo, con el libro de poemas La otra ribera. Premio en Poesía Inédita, otorgando por la Agrupación Cultural Juvenil de Chihuahua, (1980). Diploma de la Presidencia Municipal de Chihuahua por Poema a una rosa (1977). Premio por el Primer Lugar en Declamación en agosto de 1977, en la Escuela Normal Superior Nueva Galicia.
Es autor de numerosos libros, entre ellos:
Personajes y Temas Bíblicos, Dominó bíblico, Semana Santa, Oraciones usuales, Redescubrir el matrimonio, Los Concilios Ecuménicos, En viaje (Viaje a Santuarios marianos de Europa), Conversaciones con don Adalberto Almeida.
Impartió clases sobre la Biblia en diversos lugares, así como clases de latín para entender los documentos de la iglesia.
A lo largo de su desempeño profesional impartió diversos cursos y capacitaciones a maestros, a empleados, a grupos católicos, a elementos de la Policía Municipal de Chihuahua, así como a matrimonios, padres de familia y estudiantes.
Durante su vida le tocó ser colaborador y amigo de tres arzobispos de Chihuahua: Adalberto Almeida y Merino, acerca del cual escribió el libro ya mencionado, José Fernández Arteaga y Constancio Miranda Weckmann.
Siendo un hombre de gran fe, transmitió a sus hijos y nietos la devoción católica. Gran defensor de la institución de la familia, realizó un posgrado en Orientación Familiar por la Universidad de Navarra en España.
Toda su vida fue un fiel asistente a la celebración de la misa. En sus últimos años acudía diariamente a la Catedral de Chihuahua a la misa de las 7 de la mañana o la de las 12, sin importar el clima ni su avanzada edad.
Gran devoto de la Virgen María, rezaba el Rosario a diario y tuvo la oportunidad de visitar los Santuarios Marianos de Europa en compañía de su esposa.
Fue miembro de la milenaria Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, de la que hasta el día de su muerte fue Lugarteniente de la Intendencia de la Nueva Vizcaya. Visitó Roma y Jerusalén como miembro de la orden.
Murió el 19 de enero del 2023 en la ciudad de Chihuahua a escasos tres meses de cumplir 90 años.
Su prestigio como educador y laico comprometido le valió el respeto y el cariño de la comunidad religiosa y educativa de la ciudad de Chihuahua, dejando un legado de servicio y entrega a los demás, de amor a Dios y al prójimo. El Heraldo de Chihuahua, en su edición del 20 de enero, al publicar la noticia de su fallecimiento se hizo eco del gran aprecio que la sociedad chihuahuense tenía de él. (Autora: Ma. Elena García Serrato).
GARCÍA VALDEZ, JOSÉ.
GASSÓ, LEONARDO. Jesuita, misionero, lingüista.
