Religiosa adoratriz, fundadora del monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Chihuahua. En 1930 la madre Josefina era portera del monasterio de las adoratrices en El Paso, Texas. Ahí conoció y trató un poco a monseñor Antonio Guízar Valencia, que con frecuencia iba a celebrar la misa con ellas, pues la persecución religiosa lo había arrojado al exilio en esa ciudad.

Un día el obispo de Chihuahua les confió a las religiosas su deseo de que se estableciera en su diócesis un monasterio de vida contemplativa. Esto fue para la madre Josefina como una revelación de la voluntad de Dios, pues de inmediato le surgió en la mente la idea de fundar un monasterio en Chihuahua. El proyecto fue madurando en su mente y de acuerdo con su superiora, la madre María Concepción del Espíritu Santo, se decidió que la madre Josefina se trasladaría a Chihuahua acompañada de una o dos religiosas para hacer la prueba.

Ninguna persona podía ser más indicada que la madre Josefina para emprender la aventura de fundar un convento de religiosas contemplativas en Chihuahua en la década de 1930, precisamente cuando más arreciaba la persecución en  el estado. Ella contaba con la fe, la fortaleza de carácter y la plena confianza en Dios que se requerían para semejante empresa.

La madre Josefina escribió a Monseñor Guízar Valencia, que ya se encontraba en Chihuahua, pidiéndole permiso para intentar esa fundación en la capital del estado. Don Antonio le dio gustoso su aprobación y le manifestó el deseo de que se realizara lo más pronto posible, prometiéndole todo su apoyo. Él mismo les consiguió alojamiento a las hermanas en casa de las señoritas Cordero Muñoz mientras encontraban una casa donde vivir.

El 12 de enero de 1931 llegó a Chihuahua la madre Josefina, acompañada solo de otra religiosa. No faltaron personas, incluso miembros del clero, que juzgaron aquella iniciativa como un disparate, por la razón que ya mencionamos, y que pensaron que aquellas dos monjitas tendrían que regresar pronto por el mismo camino por donde habían venido. La madre Josefina, al enterarse de los rumores, dijo: “Si Dios no quiere esta fundación, yo tampoco la quiero, pero si Dios la quiere, Él la llevará a cabo”, y siguió adelante con el ánimo de siempre.

La primera casa en que se alojaron las hermanas fue una dependencia de la Quinta de Pancho Villa, en la parte alta posterior donde había estado el cuartel de general. Ahí las alojó generosamente doña Luz Corral, viuda de Villa, pero apenas se habían instalado las religiosas, cuando alguien le hizo ver a la Sra. Villa que corría el riesgo de que el gobierno le quitara la casa por alojarlas, y éstas la desalojaron para no poner en peligro a la dueña.

El capital con que contaba la madre Josefina era de cinco pesos, que le habían quedado del pasaje, y los gastó en la compra de un par de zapatos para su compañera, pues los había gastado en tanto caminar en busca de una nueva casa donde vivir. Entonces una buena familia les facilitó una casa fue allí donde se celebró la primera misa y se hizo la primera exposición del Santísimo Sacramento.

No habían pasado cuatro meses de su llegada, cuando don Antonio le dio a la madre Josefina la feliz noticia de que había llegado de la Santa Sede la aprobación para la erección canónica del monasterio. La madre Josefino se apresuró a pedir más religiosas  para completar el número requerido para poder fundar un monasterio. Esas religiosas se las había prometido la madre María de la Luz Rosas, superiora del monasterio de Ejutla, Jalisco, que a causa también de la persecución andaba buscando un lugar para fundar otra comunidad. El 12 de junio de 1931 llegaron otras cuatro religiosas profesas y así se pudo ya fijar el domingo 14 del mismo mes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, como fecha para la erección canónica de la comunidad.

Las hermanas se pasaron casi toda la noche acondicionando la mejor habitación de la casa para que sirviera de capilla y en un modesto armario que tenían a su alcance improvisaron un altar para celebrar ahí la primera misa y la primera exposición del Santísimo.

Ese mismo día 14 se procedió al nombramiento de cargos, quedando la madre Josefina del Sagrado Corazón de Jesús como superiora de la comunidad. Quedó como vicaria la madre María Altagracia del Espíritu Santo, que habría de ser su vicaria y su principal apoyo durante 25 años, hasta que murió, 25 años después. Ese día también recibió el velo la primera postulante. De ahí en adelante el señor obispo estuvo muy pendiente de que no les faltara a las hermanas la asistencia espiritual y encomendó esa tarea al padre Francisco Espino Porras, que entonces era un joven sacerdote y en esos momentos el único que podía ejercer el ministerio sacerdotal en la ciudad, por disposición del gobierno. Otra de las grandes ayudas con que contó la comunidad a partir de entonces fue la Sra. Popa Baeza de Terrazas, que les llevaba a las religiosas fruta y verdura de su granja y les prestaba todos los servicios que podía, como era su costumbre hacerlo con los necesitados.

A fines de 1933 la comunidad se mudó a la que habría de ser su casa definitiva hasta el día de hoy, en las calles 7ª y Nicolás Bravo. La manera como la madre Josefina adquirió esa casa también habla elocuentemente de su perseverancia y de su fe en Dios. Había en ese lugar una casita muy modesta y la madre Josefina fue a visitar a la dueña para que se la vendiera o se la rentara, pero la dueña le dijo que no pues tenía otros planes para la propiedad. La madre Josefina no se desalentó, sino que siguió pidiendo al Señor que les concediera esa casa, que más bien era un terreno. Volvió entonces a visitar a la dueña, pero ésta le volvió a decir que no y que no se volviera a molestar en insistir pues estaba decidida a no venderla.

Por tercera vez la madre Josefina encomendó el asunto al Sagrado Corazón de Jesús y pasadas algunas semanas volvió a visitar a la dueña. Esta vez ella le contestó: “Mire, madre, ni se la presto ni se la vendo, se la regalo”.

La madre Josefina había hecho amistad con el doctor Manuel Mendiolea, que atendía a las hermanas en el monasterio. El doctor era hermano del general, entonces comandante, Raúl Mendiolea, que era el jefe de la Policía y uno de los principales colaboradores del régimen represivo y anticatólico del general Quevedo. Un día el doctor llevó a su hermano a visitar a las hermanas y de ahí en adelante, el que para otros era un perseguidor, se convirtió para las hermanas en un ángel guardián que las protegía, cuidando que no fueran molestadas.

Poco después de que se cambiaron a su nueva casa, llegó de México Isabel Ibarra, hermana de la madre Josefina, para ver en que podía ayudarle. Como era modista, puso en el convento una Casa de Modas que al mismo tiempo que les daba ocupación y dinero, disimulaba la verdadera naturaleza del convento, que como tal estaba prohibido. Isabel le ofreció a su hermana la herencia que había recibido de sus padres y con eso amplió la madre Josefina el convento comprando otra propiedad adyacente. Chabelita siguió viviendo en la comunidad tres años más y en artículo de muerte hizo la profesión religiosa y murió santamente.

La madre Josefina del sagrado Corazón de Jesús, entregó santamente su alma al Creador, llena de méritos y rodeada del cariño de sus hijas, el 1° de julio de 1969, a la edad de 94 años. Durante 30 años había sido el alma de la comunidad y había dado su formación en la vida religiosa a la mayor parte de las hermanas que había en ese momento. Siempre alegre, llena de optimismo y con un admirable don de gentes que le ayudó a granjearse la simpatía de la sociedad chihuahuense. Con su carisma logró entusiasmar a las hermanas y a mucha gente más para construir el monasterio como actualmente se encuentra.

Las Adoratrices del Santísimo Sacramento fueron fundadas en 1807 en Roma por la venerable María Magdalena de la Encarnación, que había sido franciscana. En México se estableció el primer monasterio de adoratrices en la capital de la República en 1884. En 1879 se había fundado también en la ciudad de México otra congregación de religiosas contemplativas ligada a la orden de Santa Brígida de Suecia. En 1897 esta comunidad se unió a la de las Adoratrices Perpetuas. En 1903 las Adoratrices fundaron un monasterio en Guadalajara. A este monasterio pertenecía la madre Josefina del Sagrado Corazón de Jesús Ibarra. En 1925 estas religiosas fueron expulsadas por la persecución de Calles y fundaron un monasterio en El Paso, Texas. Fue ahí donde la madre Josefina conoció a don Antonio Guízar Valencia y donde surgió la idea de fundar un monasterio en Chihuahua. (Autor: Dizán Vázquez).

 

IRIGOYEN, ANTONIO CIPRIANO. Sacerdote, educador.