Efímero fue su paso por la Tarahumara, de 1902 a 1906, pero ese tiempo bastó para que imprimiera su huella en la historia de esa tierra tan abrupta y de esa gente tan estudiada y al mismo tiempo tan incomprendida. Porque Gassó pisaba fuerte, como fuerte era su carácter, claras sus ideas y obstinada su voluntad. En su empeño por implantar su modelo de sociedad indígena entre las etnias de la sierra de Chihuahua, Gassó no descansó hasta entrevistarse con don Porfirio Díaz para interesarlo por su proyecto, pero también puso a prueba la paciencia del gobernador Enrique Creel, enfureció a los caciques de la sierra y de paso incomodó a sus mismos compañeros jesuitas que no pudieron seguirle el paso tan acelerado.
El padre Leonardo Gassó llegó a la Tarahumara a finales de agosto de 1902, apenas dos años después de que los jesuitas se habían hecho cargo de la misión. El padre Gassó no era un misionero novato, venía de la antigua misión de Napo (en el oriente de Ecuador), entre los indios quechuas.
La llegada de Gassó a la Tarahumara despertó grandes expectativas en los pocos y desconcertados misioneros, que llevaban ya dos años en la sierra sin saber a ciencia cierta por dónde comenzar. Las dificultades eran formidables: una lengua extraña, unos indios desconfiados y herméticos, un medio ambiente incomunicado y de difícil orografía, y para colmo, la oposición sistemática de parte de las autoridades estatales que, en alianza con las compañías madereras y mineras extranjeras, tenían su propio plan de desarrollo para los indígenas de la sierra, en el que estos no entraban sino como mano de obra barata para incorporarlos así al desarrollo económico de México. Tampoco lo vieron con buenos ojos los mestizos de la sierra, quienes interpretaron su actividad misionera como una amenaza para su acostumbrada visión del indio como raza inferior, al que había que poner al servicio de sus intereses materiales e ideológicos.
Muy pronto, después de conferenciar con sus hermanos misioneros, de echar una breve ojeada al entorno social y geográfico, así como un vistazo igualmente rápido a la historia misionera de la región, el padre Gassó, inteligente y agudo observador, comenzó a fraguar un plan de reforma social que devolviera a los indios el sentimiento de su propia dignidad, perdida por siglos de marginación y opresión, así como por razones que –a su ver- posiblemente tenían que ver con su desarrollo genético, que los hacía especialmente vulnerables frente a los blancos, sobre todo si se trataba de ponerlos en un plan de igualdad que finalmente sería en detrimento de los indios.
A principios del siguiente año, 1904, Gassó emprendió un viaje a México con dos propósitos: publicar su Gramática Rarámuri, que había compuesto con apenas dos años entre los rarámuri, y arreglar algunos asuntos relacionados con su proyecto misionero.
En México se entrevistó dos veces con don Porfirio Díaz, le entregó una carta de recomendación de don Nicolás Pérez Gavilán (que el mismo padre había redactado), le expuso su plan de reforma social para los tarahumaras y le pidió su apoyo. Don Porfirio se interesó y le prometió apoyarlo ante el gobierno de Chihuahua, pero fue muy cuidadoso de no hacerlo por escrito para no comprometerse con los liberales. El padre Gassó resumió todo lo que le propuso al presidente en 7 puntos y este, en principio y de palabra, los aceptó:
1.- Respecto a los terrenos: Que se devolvieran a los indios los terrenos que les pertenecía. 2.- Respecto a las casas parroquiales incautadas por el gobierno: Que se devolvieran a las parroquias. 3.- Respecto al régimen de los indios: Que se pudieran gobernar con sus propias autoridades, según sus propias leyes y costumbres. 4.- Respecto a la instrucción: Que se pusieran escuelas para los indios, pero que no se los juntaran con los blancos y que se les instruyera en su propia lengua. 5.- Respecto al trabajo: Que se les hiciera trabajar en las misiones para su propio mantenimiento. 6.- Respecto a las desavenencias: Que en delitos de poca monta se les aplicaran castigos corporales según sus tradiciones. 7.- Respecto a los perturbadores: Que se desligara a los indios de la autoridad de los presidentes y jefes políticos.
Vuelto a Chihuahua, el padre Gassó se entrevistó con el gobernador Enrique C. Creel, que en ese tiempo cubría un interinato en lugar de su suegro, don Luis Terrazas. La primera entrevista con Creel la tuvo el 20 agosto 1905. El P. Gassó le leyó a Creel lo que el presidente Díaz le había concedido y aconsejado, para que estuviera enterado y lo apoyara. Después de escucharlo, Creel le respondió: “Todo lo que Ud. dice es muy bueno; y todo ese programa estaría inmejorable para una nación católica, v.gr. España, pero con las instituciones que aquí nos gobiernan es incompatible”. Luego prosigue Creel: “y desde el momento en que el gobierno dejase intervenir al sacerdote en cualquier asunto político o civil se levantaría un voto de censura y nos crearían dificultades. Ahora no se puede ir de prisa, como sus loables deseos indican”.
El padre comenta en su diario: “Yo le había dicho que si prestaba el gobierno apoyo eficaz, en dos años arreglábamos la Tarahumara, pues si cuatro meses bastaron para arreglar seis pueblos por un padre, muchos eran dos años para todo y le ponderé cómo eso se había deshecho en un mes por un presidentillo”.
Creel insistió en que el padre no se debía de meter en negocios de terrenos y de la administración de estos, ni siquiera de los de la misión, ni bajo el título de dar doctrina o escuela a los indios. Lo único que le prometió el gobernador fue mandarles regalos y útiles si se los pedían. Anota el padre que según Creel “escuelas oficiales no podíamos tener [los misioneros] porque es de esencia de las tales que no se dé en ellas instrucción ninguna religiosa y eso no lo querríamos admitir, y aunque lo admitiéramos sería mucho lo que se hablaría y nuestro fin era propagar nuestras ideas religiosas”. Lo que sí aceptó el gobernador fue que podían poner escuelas privadas y que él las miraría bien y escribiría a las autoridades para que los apoyaran y hasta les llevaran gente.
En lo de darles autoridad a los gobernadorcillos, Creel, al principio no quiso admitir nada por el momento, pero la insistencia de Gassó, después de varias entrevistas e intensas conversaciones, lo fue ablandando y convenciendo, y al menos aparentemente, llegó a concederle casi todo lo que pedía y lo hizo enviar cartas a los presidentes municipales para que dejaran a los indios gobernarse por sí mismos y dieran todo su apoyo al padre.
Gassó volvió muy contento a la sierra y comenzó a hacer reuniones con los indios para enterarlos de la nueva situación y comenzó a nombrar las nuevas autoridades indígenas y a organizar el deslinde de terrenos.
Sin embargo, las autoridades civiles de la sierra, especialmente el comisario de Cuiteco y el presidente de Sisoguichi, no estaban dispuestos a dejar el control de los indígenas en manos de los misioneros. Alegaban que con esas medidas los indios se les iban de las manos. Pronto la oposición contra Gassó se hizo encarnizada y sus enemigos echaron mano de calumnias, mientras la actitud de Creel se mostró ambigua para no quedar mal con ninguno de los dos bandos.
El hecho de que las autoridades locales lo obstaculizaran y que por parte del gobernador no había una solución clara a favor de las reformas, comenzó a abrirle los ojos a Gassó. Pero lo que vino a convencerlo definitivamente de que se le había engañado fue la promulgación de la Ley para el mejoramiento y cultura de la raza tarahumara, preparada por Creel y aprobada por el Congreso del Estado el 3 de noviembre de 1906, la cual no contenía ningunos de los temas que el misionero había tratado con el gobernador.
Dicha ley ha sido comentada de muy diferentes formas . En general se le considera un avance en la preocupación por los derechos humanos de los indígenas de la Tarahumara, aunque también se le ha visto como un medio para allanar el camino en la sierra a las grandes compañías mexicanas y extranjeras, mineras y forestales, en las cuales el mismo Creel tenía intereses económicos. En todo caso, estaba muy lejos del proyecto que Gassó había propuesto a las autoridades.
A finales de 1906, el padre Gassó, desilusionado, abandonó Chihuahua para siempre y se embarcó de regreso al Ecuador. Pero al pasar por Panamá, se hospedó en casa del obispo de esa ciudad, que era jesuita, quien al darse cuenta de la gran experiencia misionera que tenía el padre Gassó con los indios, le pidió que se quedara a atender a los indios kuna, del Caribe panameño. Era una tribu muy refractaria a todo lo que el gobierno panameño había querido emprender con ellos, así como a toda acción misionera. El padre Gassó, que no se desanimaba con nada, aceptó el reto, un reto que le costaría enormes sacrificios y del que al fin saldría otra vez derrotado, en 1913, rumbo a su patria España, para no volver jamás a América.
Murió en 1936, al iniciarse la Guerra Civil española, cuando un grupo de milicianos republicanos lo aprehendió en la carretera, junto con un hermano carnal suyo y a ambos los fusilaron. Había nacido 71 años antes, el 23 de agosto de 1865, en Mogente (Moixent), Valencia, España. A los 17 años ingresó en la Compañía de Jesús y a los 26, en 1891, fue enviado a las misiones indígenas del Ecuador. (Autor: Dizán Vázquez).
GLANDORF, FRANCIS HERMAN. Jesuita, misionero.
