Cristiano comprometido con la justicia social. Don Luis Batista Mendoza, nació en Sisoguichi, municipio de Bocoyna, el 25 de agosto de 1907. Fueron sus padres Jesús Batista y Bonifacia Mendoza. Tuvo muchos hermanos, de los cuales sobrevivieron hasta la edad adulta siete.

Aprendió las primeras letras y los primeros números en su pueblo natal, en la escuela fundada por los misioneros jesuitas y que atendían las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús. En su niñez y adolescencia trabajó en los aserraderos y con sus padres en la siembra de maíz y frijol.

En 1925 de trasladó a Chihuahua, donde revalidó sus estudios en la escuela del profesor Coello Avendaño, que había sido maestro en la Hacienda de Canutillo, propiedad de Pancho Villa. Luis ingresó al Instituto Científico y Literario para estudiar materias de cultura general como Historia, Geografía, Español y Matemáticas. Fue en el Instituto donde un compañero de clases lo invitó a afiliarse a la ACJM, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana que protagonizó tantas páginas gloriosas en la Historia de la Iglesia en México. En dicha asociación formó parte del grupo llamado “La Legión Tebea”, en la que tuvo como compañeros Alfonso Arronte Domínguez, Jorge Corral, José Rafael Terrazas Cienfuegos, Antonio, Miguel y Leandro Barrio, Antonio y Guillermo Terrazas, Jesús de Anda y otros.

Al principio, Luis de dedicó a la construcción, participando en obras tan importantes como la Quinta Touché y el Cine Azteca, pero su trabajo definitivo fue en el ferrocarril. En 1930 entró a trabajar como garrotero en el ferrocarril que transportaba mineral de las minas de Santa Eulalia a Ávalos para su beneficio. De ahí pasó a los Ferrocarriles Nacionales de México, haciendo el recorrido entre Chihuahua y Jiménez. En una ocasión quisieron despedirlo por su actitud de dignidad e independencia frente al sindicato, pero supo hacer valer sus derechos sindicales.

Desde muy joven, Luis se había interesado y participado en la lucha por la libertad religiosa, que en aquella época se veía gravemente lesionada por la persecución del Gobierno Mexicano contra la Iglesia católica. El culto estaba prohibido y los católicos tenían que esconderse para recibir los sacramentos. La libertad de enseñanza estaba proscrita y se imponía una educación socialista. La democracia era prácticamente nula.

Con sus compañeros acejotemeros de la Legión Tebea, a Luis le tocó vivir la experiencia del 14 de febrero de 1937, aquella famosa manifestación multitudinaria protagonizada por los católicos chihuahuenses con ocasión del asesinato del padre Pedro Maldonado. A Luis, subido en hombros de varios jóvenes, le tocó arengar a los manifestantes haciéndoles tomar conciencia de su fuerza como pueblo unido y los exhortó a llegar hasta el Palacio Federal. Ya en la Plaza Hidalgo, tomaron la palabra Alfonso Arronte, Benjamín Elías y Luis Batista. De ahí los jóvenes, acompañados de la multitud, se dirigieron a la Catedral para tocar las campanas, que habían permanecido mudas largo tiempo. Mientras el ingeniero Elías tocaba las campanas de Catedral, Luis y otros jóvenes se dirigieron a los demás templos de la ciudad para hacer lo mismo. Por esas acciones, Luis fue internado en la cárcel, donde permaneció cuatro días y cuatro noches. Fue liberado el 17 de febrero de 1937 después de pagar una multa de $ 99.99 pesos, muy elevada para aquel tiempo.

Luis veía que el problema principal de México, origen de todos los otros, era la falta de democracia. También en este campo se comprometió con todo su entusiasmo. En 1937 conoció a Manuel Gómez Morín, cuando éste hacía con frecuencia el viaje de Parral a Chihuahua en el tren en que trabajaba Luis. Las jornadas en tren eran largas y tediosas y propiciaron una frecuente conversación entre ambos. Luis ya conocía de oídas a Gómez Morín y lo admiraba por su actuación como rector de la UNAM y por sus luchas por la libertad de cátedra. Pronto se identificaron política e ideológicamente y se inició una firme amistad entre ellos.

En 1939, Gómez Morín fundaba el Partido Acción Nacional en la ciudad de México, fundación que fue precedida por intensas reuniones también en Chihuahua, en las que uno de sus participantes más entusiastas era Luis Batista, quien fue elegido, junto con el Lic. Carlos Sisniega y el historiador León Barrí, Jr. para asistir como delegados, en representación de Chihuahua, a la Asamblea Constituyente del PAN, que tuvo lugar en el Frontón México en la capital de la República el 14 de septiembre de 1939. Al regresar los delegados, el PAN quedó fundado también en Chihuahua, de manera que Luis fue uno de los fundadores del PAN tanto a nivel nacional como en el estado. En Chihuahua fue miembro del Comité Estatal y Consejero y tanto en esos puestos como en el de “soldado raso” se mostró siempre como uno de los miembros más leales y comprometidos del partido. Con gran perseverancia difundía la revista del partido, La Nación. Incluso escribió en ella algunos artículos con el pseudónimo del Indio Martín, en defensa de los indios de la Tarahumara y de sus bosques. Mientras tanto, seguía trabajando en su oficio de garrotero hasta que se jubiló en 1976. El 19 de septiembre de 1989 escribió en Norte un emotivo testimonio acerca del PAN en el que hace una síntesis histórica de su partido y expresa toda la admiración que sentía por él.

Originario de la Tarahumara, le apasionaba el tema de los derechos humanos y de los problemas económicos y políticos en la sierra. El 17 de junio de 1970 escribió en El Heraldo un artículo, Nuestra Sierra Madre Herida de Muerte por los Taladores, con un estilo elegante y fogoso hace un concienzudo análisis y una vibrante defensa del bosque de Chihuahua.

El 3 de marzo de 1957, Luis contrajo matrimonio en la Catedral de Chihuahua con la señorita Enriqueta Rubio Domínguez. Él tenía entonces 50 años de edad, pues se había dedicado hasta entonces con total devoción a su trabajo, a su militancia política, a su apostolado y a cuidar a su madre. Los casó el obispo don Francisco Espino Porras.

Luis era un lector empedernido. Sus lecturas abarcaban todos los temas, especialmente de religión y de problemas políticos y sociales. Ya de viejo se quedaba frecuentemente dormido en su sillón con un libro entre las manos.

Muy al principio de su trabajo en el ferrocarril, observó cómo se transportaba cada semana hasta un furgón lleno de revistas banales y hasta dañinas, como Alarma, que se vendían en Chihuahua y en Juárez. Fue entonces cuando le nació la idea de difundir buenas revistas, con un mensaje cristiano para las familias. No se quedó, pues, con una actitud crítica frente a lo que veía que estaba mal, sino que trató de contrarrestar el mal con el bien, según sus posibilidades.

Comenzó a vender en sus tiempos libres revistas católicas como Vidas Ejemplares, La Familia Cristiana, Señal, el Misal Mensual, etc. Lo hacía a la salida de las misas principalmente en Catedral, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Refugio y San Francisco, y también en oficinas y casa por casa. Aprovechaba incluso las vacaciones en Estados Unidos, por ejemplo en El Paso y Los Ángeles, para vender las revistas. Este apostolado lo realizó infatigablemente durante 60 años, hasta un año antes de su muerte, cuando se acercaba a los 90 años de edad. Don Luis fue también uno de los primeros “comunicadores” de Notidiócesis, el periódico católico de Chihuahua, desde que éste comenzó a publicarse.

El 2 de junio de 1990, fecha en que se celebraba en la Iglesia la XXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Centro Diocesano de Comunicación de Chihuahua le otorgó a don Luis Batista el Premio al Comunicador del Año, premio que otorgaba el CEDIC a personas que se habían distinguido por una larga trayectoria en el uso de los medios de comunicación social con fines apostólicos o con un criterio cristiano. El premio le fue entregado por el arzobispo don Adalberto Almeida y Merino.

Don Luis Batista fue un católico practicante toda su vida. Acudía diariamente a Misa y comulgaba. Junto con su esposa Enriqueta educó cristianamente a sus dos hijos, Vicente y Juan, infundiéndoles las virtudes que lo habían caracterizado a él toda su vida.

Murió después de recibir piadosamente los últimos sacramentos, el 3 de marzo de 1997, a los 90 años de edad. Sus funerales se llevaron a cabo en la Iglesia de Nuestra Señora del Refugio. (Autor: Dizán Vázquez).

 

BEJARANO, MARÍA.

 

BELTRÁN, MANUEL. Franciscano, misionero, mártir.