Católico de una pieza, de una fe firme, lúcida y coherente; destacó no sólo como profesionista, como ciudadano y como hombre de bien sino también como un firme defensor de la Iglesia en tiempos de persecución.
Manuel O’Reilly Silva nació en Guadalajara el 4 de mayo de 1889. Fue el penúltimo de una familia de 22 hijos procreados por el cristiano matrimonio formado por el licenciado Francisco O’Reilly y Teresa Silva. Su abuelo paterno, también Francisco, nació en Irlanda y emigró a México por motivos de trabajo. Su madre era hermana de dos destacados eclesiásticos de la arquidiócesis de Guadalajara, los hermanos Atenógenes y Luis Silva y Álvarez Tostado. Atenógenes (1848-1911) fue obispo de Colima (1892-1900) y arzobispo de Michoacán (1900-1911). También fue un eminente filántropo y literato, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Luis (1857-1918) fue canónigo de la catedral de Guadalajara y un destacado educador.
Manuel hizo sus estudios primarios en Morelia y los secundarios en Guadalajara. Recién terminada su carrera de ingeniero civil en la Universidad de Guadalajara, se casó con Maclovia Gutiérrez Barragán, el 20 de agosto de 1920, en Guadalajara. Poco después de su boda, se trasladó a Chihuahua, invitado por el gobierno del estado a trabajar en el proyecto del Sistema de Riego N° 5 del río Conchos. Su esposa permaneció en Guadalajara mientras nacía su primera hija, luego se estableció la familia en Camargo. Los esposos O’Reilly Gutiérrez tuvieron cuatro hijos: Alicia, Emma, Manuel y Yolanda.
A finales de 1922, al terminar su contrato en el sistema de riego, el ingeniero se trasladó con su familia a la ciudad de Chihuahua, donde siguió ejerciendo su profesión. Junto con el ingeniero Ochoa Arroniz, su gran amigo y socio y también excelente católico, fundó el despacho de ingenieros civiles O’Reilly-Ochoa.
Alrededor de 1930, O’Reilly fue nombrado gerente del Ferrocarril Minero de Chihuahua, de la Compañía American Smelting, cargo en el que permaneció hasta su jubilación.
Como ingeniero civil estuvo a cargo de muchas obras notables que por su belleza arquitectónica contribuyen hoy a dar realce al perfil urbano de Chihuahua. Entre las más notables que dirigió están el templo del Sagrado Corazón de Jesús y el Palacio de Gobierno. La construcción del templo jesuita la dirigió durante un largo periodo, casi desde sus inicios, pues su construcción duró muchos años. Comenzó a dirigir la obra el ingeniero Enrique Esperón, y a su muerte la tomó el Ing. O’Reilly, auxiliado por los ingenieros Argüelles y Tribuoullier, autores de los planos, y por el Ing. Carlos Ochoa Arroniz. O’Reilly elaboró los planos del nuevo templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, de Ciudad Juárez, a petición de Mons. Baudelio Pelayo Brambila. O’Reilly y Ochoa construyeron también, junto con José Calderón, el edificio del cine Azteca, otro de los bellos edificios de nuestra ciudad, ocupado ahora por un banco. Durante años O’Reilly y Ochoa integraron una empresa llamada «O’Reilly y Ochoa Arroniz. Ingenieros Civiles», que tenía su despacho en la Avenida Independencia No. 229.
En 1941 un incendio casi destruyó el palacio de gobierno, y el gobernador Alfredo Valles convocó a vecinos notables de Chihuahua para que formaran un comité, llamado Junta de Reconstrucción, que se encargara de reunir fondos para la reconstrucción y administración de la obra. La Junta lanzó una convocatoria para que se presentaran proyectos de reconstrucción, que además deberían incluir un tercer piso. El proyecto aprobado fue el que presentaron los ingenieros Manuel O’Reilly y Enrique Müller. Asimismo, estos dos ingenieros, junto con el ingeniero Carlos Ochoa Arroniz, los tres católicos practicantes, fueron los que se encargaron de dirigir la obra, que consistió prácticamente en la construcción de un nuevo palacio de gobierno, más grande y más hermoso.
A la dedicación a su familia, como excelente esposo y padre, y al eficiente y honesto ejercicio de su profesión, el ingeniero O’Reilly unía una activa participación en la vida de la Iglesia. Fue uno de los fundadores y primer Gran Caballero de la Orden de Caballeros de Colón en la ciudad de Chihuahua.
Ya existían en esta ciudad trece caballeros de Colón, pero no estaban constituidos en consejo. Manuel O’Reilly era uno de ellos, pues había recibido el 1° y 2° grados en Guadalajara. En octubre de 1922, por instrucciones del Consejo de la ciudad de México, Joaquín F. Valladares, otro de los caballeros, los reunió a todos y los invitó a formar el primer consejo de la ciudad, incluyendo a otros miembros que había que invitar. Los 13 que ya eran caballeros de Colón, más otros 17 invitados para ese fin, se trasladaron a El Paso, Texas, donde auspiciados por el Consejo de Caballeros de Colón de esa ciudad, recibieron el primer grado de la Caballería, los que no lo tenían, o el grado que les faltara. Manuel O’Reilly recibió, pues, en esa ocasión el tercer grado. Con ellos quedó formalmente instalado en Chihuahua el Consejo N° 2419 Fray Alonso Briones, acto que se protocolizó en la ciudad de Chihuahua el 17 de diciembre de 1922. O’Reilly fue elegido como primer Gran Caballero, cargo que ocupó hasta octubre de 1924, cuando lo sucedió el Dr. Leandro M. Gutiérrez. En 1932 el Consejo fue disuelto por causa de la persecución del gobernador Quevedo, y al ser restablecido el 28 de agosto de 1943, el Ing. O’Reilly volvió a ocupar el cargo de Gran Caballero hasta 1944. Desde este año hasta 1950 fue Diputado de Distrito, y en 1954 volvió a ser Gran Caballero hasta junio de 1955. Fue también funcionario del Consejo del Estado Mexicano de la Orden en dos periodos, con el cargo de Abogado de Estado, en el ejercicio social 1962-1963 y 1963-1964.
Los Caballeros de Colón iban a ser uno de los principales apoyos de la Iglesia en los difíciles años de persecución por parte del gobierno, especialmente en los periodos de 1926 a 1929 y 1934 a 1937. Muchos de sus miembros se la jugaron por su fe y por su Iglesia, incluso con riesgo de sus vidas. Entre los más comprometidos estuvo siempre el ingeniero O’Reilly. En los años 30, el gobernador del estado, general Rodrigo M. Quevedo, lo mandó matar. El comisionado para tal crimen finalmente no cumplió con la orden y años después se lo confesó al ingeniero O’Reilly y le pidió perdón. El testimonio público que el ingeniero daba de su fe, de la que nunca se avergonzó ni en público ni en privado, le acarreó también no pocos inconvenientes de tipo económico, pues le hizo perder jugosas oportunidades de trabajo y puestos públicos. Incluso se le expulsó de algunos, por ejemplo, de su cargo de profesor que tenía en la Escuela Normal del Instituto Científico y Literario.
En 1934, el gobierno de Quevedo introdujo en el estado la educación socialista implantada en el país por el presidente Cárdenas. Para despejar el camino, el gobierno organizó un “debate público” en el que participaron varios personajes del régimen para convencer a los ciudadanos de las bondades del nuevo plan educativo. Todos los oradores se despacharon a su gusto, pues no invitaron a nadie de la oposición católica.
El 7 de septiembre, el comité local de la Unión Nacional de Padres de Familia, católica, organizó en respuesta un segundo debate público en el Teatro Centenario, al que invitaron al Prof. Jesús J. Barrón para que expusiera la tesis oficialista. La mayoría de los oradores católicos eran de Acción Católica y de los Caballeros de Colón, entre ellos, naturalmente, se encontraba el ingeniero O’Reilly. Los católicos repudiaron la educación socialista y defendieron el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que quieren para sus hijos. O’Reilly y Barrón se refutaron mutuamente los argumentos en un ambiente de respeto y calma, por la actitud de los oradores y del público que los escuchaba. Pero enseguida el gobierno organizó un tercer debate e invitó como orador huésped a O’Reilly. Pero esta vez el clima del auditorio, acarreado por los organizadores, era hostil y tenso. Abuchearon durante toda su conferencia a Jesús J. Barrón por su actitud más equilibrada, preparada sin duda por su experiencia en el segundo debate. Enseguida le tocó hablar a O’Reilly, pero al intentar llegar a la plataforma, fue interceptado por dos policías que lo empujaron fuera de la sala del debate.
Como católico colaboró también en la preparación del gran Congreso Eucarístico Diocesano, que se celebró del 28 al 30 de junio de1941, siendo vice-presidente de la comisión organizadora del mismo, al lado del presidente, que era monseñor Francisco Espino Porras. Este evento tuvo una gran importancia en la vida de la diócesis, pues la iglesia de Chihuahua acababa de salir de un largo túnel oscuro de tres décadas de permanecer en las catacumbas y emprendía una nueva época de renovación espiritual y pastoral. Con la misma devoción, el ingeniero O’Reilly se dedicó a organizar durante muchos años la procesión del Corpus Christi, que se realizaba con gran solemnidad en la ciudad.
Fue también presidente diocesano de la Acción Católica y miembro de la Orden Tercera de San Francisco. En 1952 fue nombrado Caballero de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, el primero en Chihuahua, y poco después recibió en la misma el grado de comendador. En esta ocasión también su esposa, doña Maclovia, fue nombrada dama de la misma orden.
Su sólida cultura católica y su firme convicción de creyente se pusieron de manifiesto en innumerables conferencias que pronunció para muy diversas ocasiones. Memorable es la que lleva el título de La Eucaristía y la Acción Católica, que leyó durante el Congreso Eucarístico de 1941 y que fue publicada en el álbum conmemorativo. Su devoción mariana se expresa, llena de piedad y claridad doctrinal, en la conferencia que pronunció en el Congreso Guadalupano que se celebró en Chihuahua del 9 al 11 de septiembre de 1945, como preparación a la solemne coronación de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en su Santuario de Chihuahua, incluida también en el álbum que se publicó para ese evento. Otra conferencia que pronunció fue con ocasión de la proclamación del dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María en el Año Santo de 1950. Lleva el título de María Reina y Madre y fue incluido en el álbum que se publicó en homenaje a Pío XII en ese año. Los temas de sus conferencias religiosas fueron de lo más variado, por ejemplo, el 21 de febrero de 1925 sustentó en el Consejo de Caballeros de Colón Fray Alonso Briones, de Chihuahua, una conferencia titulada Gabriel García Moreno, sobre el famoso presidente católico de Ecuador del siglo XIX.
No solo se destacó como hombre culto y activo en el ámbito eclesial, sino también en el civil. A partir del 15 de febrero de 1923 fue catedrático de Matemáticas en el Instituto Científico y Literario, la principal institución educativa en Chihuahua en ese tiempo. Fue presidente del Casino de Chihuahua en el año social 1926-1927. El 15 de febrero de 1938 fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos, a la que pertenecían los chihuahuenses más reconocidos en el campo de la cultura en ese tiempo. Formó parte del grupo de intelectuales que colaboraban en la revista Chihuahua, una de las revistas más notables de ese tiempo, fundada por la ilustre poeta Natalia G. de Gameros en abril de 1943.
En política fue uno de los fundadores del Partido Acción Nacional en Chihuahua en 1939. Al igual que muchos otros notables católicos chihuahuenses de ese tiempo, O’Reilly saludó el nacimiento de ese partido como una alternativa donde podía luchar por el bien de su patria sin entrar en compromisos con el partido oficial, dominado por la masonería y por otras ideologías incompatibles con la fe cristiana.
Su vida diaria estaba marcada por una intensa vida familiar. Se mostró siempre como un esposo fiel y amoroso y educó a sus hijos en la fe cristiana y en el amor de Dios. Rezaba diariamente en familia el santo rosario y el Oficio Parvo, y asistía diariamente a misa y comulgaba. Esto lo hacía habitualmente en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Cultivó una gran amistad con el obispo de Chihuahua, don Antonio Guízar Valencia, del que fue un gran colaborador, así como con los padres jesuitas.
En tiempos de persecución, cuando estaban cerradas las iglesias, se celebraba la misa en su casa y siempre se les daba refugio a los sacerdotes perseguidos. Cuando en esas circunstancias se tuvo que cerrar el Instituto Regional, los alumnos se repartieron en casas para continuar con las clases y una de esas casas fue la del ingeniero O’Reilly.
El 22 de abril de 1966, tuvo la pena de ver morir a su querida esposa doña Maclovia, después de 46 años de matrimonio. Desde ese día, llevó siempre puesta una corbata negra en señal de luto. El último año de su vida, el ingeniero O’Reilly enfermó de los riñones y tuvo que ser sometido a diálisis. Sobrellevó con gran fortaleza su enfermedad, gracias a su fe y al cuidado cariñoso de sus hijas. Murió santamente en Chihuahua el 8 de agosto de 1979, a la edad de 90 años.
“Fue él uno de esos pocos varones que en aquellos difíciles días de la llegada de Mons. Guízar a Chihuahua no se avergonzaba de acudir al templo y participar en la Comunión. Fue su vida un ejemplo de trabajo, honradez, capacidad, sencillez y notable cultura, y por su trato firme pero amable y respetuoso, su porte distinguido, su fidelidad inquebrantable a la Iglesia”, escribió el padre Joaquín Díaz en Notidiócesis, con ocasión de su muerte. Y en el número de noviembre-diciembre de 1966 de Juventud Sacerdotal, dedicado al 75 aniversario de la diócesis de Chihuahua, aparece este elogio de don Manuel, caracterizándolo como uno de los “Hijos ilustres de Chihuahua: “Ingeniero Manuel O’Reilly, primer Gran Caballero de un escaso grupo de 20 Caballeros de Colón. En tiempos de aquella vergonzosa persecución, no vaciló en sacrificar grandes empleos [y] la vida por lo demás cómoda que le proporcionaba su profesión, todo por confesarse públicamente cristiano. Justo es mencionar a su esposa, Señora Maclovia Gutiérrez, que a pesar de vivir hora tras hora con la incertidumbre de la vida de su esposo y de un futuro incierto para los hijos, supo conservarse en la entereza de una mujer cristiana”. (Autor: Dizán Vázquez).
ORTIZ Y MIER, JOSÉ RAMÓN. Sacerdote.
ORTIZ, TOMÁS,
ORTIZ, NARCISO. Jesuita, misionero.
ORTIZ DE FORONDA, DIEGO. Jesuita, misionero, mártir.
